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El poker en el cine mudo

Dr. Mabuse
Roque Gutiérrez @RoqueGutierr | 14 Febrero 2013

Históricamente está aceptado que el cine se inventó el 28 de diciembre (no es broma) de 1895, el día en el que los hermanos Lumière realizaron la primera proyección pública de una película. Sobre el origen del poker no hay tanta unanimidad, pero a todos nos viene a la mente el Viejo Oeste y Nueva Orleans, los barcos de vapor navegando por el río Mississippi o la Guerra Civil estadounidense.

El caso es que desde que coinciden en el tiempo, el poker y el cine han convivido en estrecha relación. Los pioneros del cine mudo enseguida se sintieron atraídos por este juego. Un puñado de hombres jugándose los cuartos en torno a una mesa es un fiel reflejo de la condición humana y su espíritu competitivo y como tal, es digno de ser documentado.

En aquella primera proyección, los Lumière presentaron cuatro películas: la salida de unos obreros de una fábrica francesa al finalizar la jornada, la demolición de un muro, la llegada de un tren y un barco saliendo del puerto. En el primer año rodaron más de 500 películas y una de ellas fue la “Partie de cartes”, de 1895. Poco después llegaron las versiones de otros cineastas de la época como George Méliès (“Partie de cartes”, 1896) o Leopoldo Fregoli (“Partie de cartes”, 1897).

El cine mudo hoy en día nos parece poco menos que un chiste. Acostumbrados como estamos a los efectos especiales, los movimientos de cámara y los frenéticos montajes, un plano fijo en blanco y negro y sin sonido resulta una tortura para muchos. Sin embargo, tiene tanto valor como lo tuvo la rueda en la prehistoria o la penicilina en la medicina.

Según iban pasando los años, el poker y el cine avanzaban en sus respectivos campos y en 1912 llegó una película especialmente significativa: “A cure for Pokeritis”, de Lauren Trimble y con John Bunny, Flora Finch y Leah Bird en el reparto. No se trataba de un un simple sketch de un minuto de duración como las anteriores películas, sino que había una historia detrás, con personajes definidos y con una duración de 13 minutos.

El cortometraje cuenta la historia de Mr. Brown, un hombre al que le encanta jugar al poker, pero que siempre pierde. Cuando llega a casa después de una nueva derrota, le promete a su esposa que nunca más volverá a jugar. A Mr. Brown le gusta el poker más que a un tonto un lápiz. Con la ayuda de un amigo consigue engañarla durante algún tiempo, pero cuando la esposa se da cuenta, prepara un plan para que el bala perdida de su marido no vuelva a tener ganas de jugar al poker nunca más.

Aquí os dejamos este documento histórico, fruto de la unión del poker y el cine.

Diez años después, en 1922, Fritz Lang rodó una de las grandes joyas del expresionismo alemán: “Dr. Mabuse, der Spieler”, que se podría traducir como “Dr. Mabuse, el Jugador”. La película no trata sobre poker, pero sí sobre juego en una gran medida. El Dr. Mabuse es un genio del crimen, uno de los primeros villanos que nos regaló el 7.º arte, y se divierte jugando con los destinos de los hombres que caen en sus garras. Uno de esos hombres es Edgar Hull, un joven millonario al que arrastra a una partida para arrebatarle su fortuna mediante tretas y el uso de poderes psíquicos.

Poco después, en 1927, llegaría el cine sonoro y con él una nueva forma de contar las historias, mucho más dinámica y acorde a la agilidad mental que requiere el poker. El universo Western, “The Man with the Golden Arm”, de Otto Preminger; “The Cincinnati Kid”, de Norman Jewison; “A Big Hand for a Little Lady”, de Fielder Cook y muchas más fueron abriendo camino hasta nuestros días, hasta la popular “Rounders”, de John Dahl o series como “The Sopranos” y “Deadwood”. El poker está cada vez más presente en nuestras vidas y eso se refleja en el cine y la televisión. Se han hecho algunas cosas interesantes, pero sigo teniendo la sensación de que la gran película de poker está por llegar. Ojalá sea pronto.

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